El dolor es una señal de alarma esencial para nuestro cuerpo, pero cuando el propio sistema nervioso se altera, el mensaje se distorsiona y se convierte en una fuente constante de sufrimiento. Con motivo del Día Mundial Contra el Dolor, que este 2026 pone el foco en el dolor neuropático, visibilizaremos una de las condiciones más complejas y desafiantes. Comprender por qué se produce, cómo se manifiesta y qué opciones de tratamiento existen será clave para mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.
¿Qué es el dolor neuropático?
La Real Academia Española define el dolor como una sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior.
A diferencia del dolor nociceptivo, que surge de una lesión en los tejidos, el dolor neuropático se origina por un daño o disfunción directa en el propio sistema nervioso, ya sea a nivel central (cerebro o médula espinal) o periférico (nervios que se extienden por los brazos, piernas o tronco).
Las señales eléctricas de los nervios se envían de forma anómala al cerebro, interpretando estímulos cotidianos como dolorosos o generando sensaciones dolorosas de manera completamente espontánea, sin que exista una lesión física visible en la zona afectada.
Síntomas
Las personas que experimentan dolor neuropático suelen describirlo de una manera muy particular, utilizando términos poco habituales en otros tipos de dolor, los más frecuentes incluyen:
Sensación de quemazón o ardor.
Pinchazos o calambres: Brotes repentinos de dolor agudo que simulan pequeños corrientazos.
Alodinia: Un síntoma muy característico en el que un estímulo totalmente inofensivo —como el roce de la ropa o una caricia— se percibe como un dolor intenso.
Hormigueo y entumecimiento: Sensación constante de acorchamiento o «agujas» en la zona afectada.
Causas frecuentes
El origen del dolor neuropático es muy variado y suele estar vinculado a patologías previas o lesiones nerviosas específicas:
Neuropatía diabética: Una complicación frecuente de la diabetes debido al daño sostenido en los vasos sanguíneos y nervios periféricos por niveles altos de azúcar.
Ciática y compresiones nerviosas: La presión continuada sobre una raíz nerviosa (como en el caso de hernias discales o estenosis de canal).
Neuralgia postherpética: Dolor persistente que queda en una zona de la piel tras haber sufrido un brote de herpes zóster (culebrilla).
Lesiones medulares o accidentes cerebrovasculares: En el caso del dolor neuropático de origen central.
Prevención
En muchas ocasiones, el daño nervioso deriva de enfermedades crónicas o lesiones derivadas, la prevención se centra en el control de los factores de riesgo:
Control metabólico riguroso: Mantener estables los niveles de glucosa en sangre en pacientes con diabetes para proteger la salud nerviosa.
Higiene postural y ergonomía: Evitar lesiones por compresión nerviosa prolongada en el trabajo o la actividad diaria.
Tratamiento precoz de infecciones y lesiones: Abordar de forma rápida patologías como el herpes zóster o traumatismos severos para evitar que deriven en cronificación nerviosa.
Tratamiento
El tratamiento del dolor neuropático suele incluir fármacos específicos (como neuromoduladores o anticonvulsivos) combinados con un enfoque multidisciplinar. En este contexto, las terapias físicas avanzadas juegan un papel clave:
Fisioterapia Neurológica y Musculoesquelética: Técnicas de movilización suave, estiramientos y readaptación funcional orientadas a disminuir la tensión en los tejidos circundantes a los nervios afectados.
Tecnología de Andulación: Muy beneficiosa como apoyo no invasivo. Mediante la combinación de vibraciones mecánicas aleatorias y calor infrarrojo, ayuda a modular la respuesta del sistema nervioso periférico, reduciendo el tono muscular reflejo y promoviendo un estado de relajación profunda que facilita la gestión del dolor crónico y mejora el descanso nocturno.






