Con el paso de los años, el sistema musculoesquelético sufre cambios naturales que pueden afectar la movilidad, la autonomía y la calidad de vida. Los dolores articulares, la rigidez, pérdida de fuerza o fracturas no son inevitables, pero sí frecuentes si no se adoptan las medidas preventivas adecuadas.
Cuidar la salud musculoesquelética en la tercera edad es clave para mantener la independencia. Hoy te explicamos cuáles son las afecciones más comunes, cómo prevenirlas y qué tratamientos no invasivos pueden ayudar a aliviar el dolor y mejorar el bienestar.
Afecciones más comunes en la tercera edad
Con el envejecimiento, huesos, músculos y articulaciones experimentan cambios naturales que pueden afectar la movilidad y el bienestar diario. La pérdida de densidad ósea, la disminución de la masa muscular y el desgaste articular hacen que ciertas afecciones musculoesqueléticas sean más frecuentes en la tercera edad. Conocerlas permite identificar sus síntomas a tiempo, adoptar medidas preventivas y aplicar tratamientos adecuados que ayuden a mantener la autonomía y la calidad de vida.
Artrosis
La artrosis es una de las enfermedades musculoesqueléticas más frecuentes en adultos mayores. Se produce por el desgaste del cartílago que protege las articulaciones.
Síntomas habituales:
Dolor al moverse
Rigidez articular
Disminución de la movilidad
Este desgaste limita actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o vestirse.
Osteoporosis
La osteoporosis provoca una disminución de la densidad ósea, aumentando el riesgo de fracturas, especialmente en columna y cadera.
Cómo afecta al cuerpo:
Dolor de espalda
Pérdida de estatura
Mayor riesgo de caídas y fracturas
En muchos casos no presenta síntomas hasta que ocurre una fractura.
Sarcopenia
La sarcopenia es la pérdida progresiva de músculo asociada al envejecimiento.
Principales efectos:
Debilidad
Inestabilidad
Mayor riesgo de caídas
Mantener la masa muscular es fundamental para conservar la movilidad y la autonomía.
Dolor lumbar y cervical crónico
El dolor de espalda en la tercera edad suele estar relacionado con el desgaste articular, la debilidad muscular y años de malas posturas.
Consecuencias más comunes:
Rigidez
Dolor persistente
Reducción de la actividad física
Esto puede generar un círculo vicioso de dolor y sedentarismo.
Además, también tendones y ligamentos pierden su elasticidad causando dolor, rigidez y limitación del movimiento.
Prevención
La prevención de las afecciones musculoesqueléticas en la tercera edad es fundamental para conservar la movilidad, reducir el dolor y mantener la independencia. Aunque el envejecimiento conlleva cambios naturales en huesos, músculos y articulaciones, adoptar hábitos saludables puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida. Para ello, recomendamos:
Actividad física adaptada
Caminar de forma regular
Ejercicios de fuerza suave
Movilidad articular diaria
Ejercicios de equilibrio
El movimiento es esencial para mantener huesos y músculos fuertes.
Alimentación adecuada
Aporte suficiente de calcio y vitamina D
Proteínas para conservar la masa muscular
Hidratación diaria
Prevención de caídas
Calzado cómodo y antideslizante
Eliminar obstáculos en el hogar
Buena iluminación
Uso de ayudas técnicas si es necesario
Higiene postural
Evitar pasar muchas horas sentado
Usar sillas con buen soporte
Dormir en colchones adecuados
Tratamiento
Los problemas musculoesqueléticos en la tercera edad debe tratarse de forma integral y personalizada, teniendo en cuenta la salud general, el nivel de movilidad y la presencia de otras patologías. Existen diferentes opciones terapéuticas que pueden combinarse para aliviar el dolor, mejorar la funcionalidad y mantenerla autonomía. Estas se dividen, de forma general, en tratamientos farmacológicos y tratamientos no farmacológicos.
Los tratamientos farmacológicos suelen ir enfocados al control del dolor y la inflamación. Incluyen analgésicos, antiinflamatorios y, en algunos casos, fármacos específicos para enfermedades como la osteoporosis o la artrosis. Deben ser siempre supervisados por un profesional sanitario debido al riesgo de efectos secundarios y a la posible interacción con otros medicamentos.
Por otro lado, los tratamientos no farmacológicos son fundamentales, ya que permiten mejorar la movilidad y el bienestar sin recurrir a procedimientos invasivos. Dentro de este grupo se incluyen el ejercicio terapéutico, la fisioterapia, la educación postural, las terapias complementarias y las técnicas de relajación muscular. Estas opciones no solo ayudan a aliviar el dolor, sino que también favorecen la independencia funcional a largo plazo.
Terapias complementarias
El enfoque más eficaz es atacar el dolor de forma constante y segura. Las terapias con dispositivos son una excelente opción porque se pueden usar en casa y se integran fácilmente a tu rutina.
Andulación
La andulación es una opción no invasiva que combina vibraciones mecánicas suaves con calor infrarrojo, proporcionando una estimulación agradable y segura, sin necesidad de esfuerzo físico.
El tratamiento contribuye a la relajación muscular, al alivio del dolor articular y de espalda y a la mejora de la circulación, ayudando a reducir la rigidez y la sensación de tensión frecuente en la tercera edad. Puede ser útil como apoyo en casos de artrosis, dolor lumbar o cervical y molestias musculares asociadas al sedentarismo.
Se utiliza como tratamiento complementario, integrándose fácilmente en programas de ejercicio, fisioterapia y hábitos saludables, con el objetivo de mejorar el bienestar y la calidad de vida del adulto mayor.
Presoterapia
Realiza un masaje de compresión y descompresión secuencial que estimula el drenaje linfático y la circulación sanguínea.
Alivio inmediato: La solución perfecta para el Síndrome de Piernas Inquietas (SPI) o la sensación de piernas cansadas y pesadas o calambres, síntomas que obligan a levantarse y dificultan conciliar el sueño.






