Patologías

Artrosis de rodilla

La artrosis de la articulación de la rodilla se halla entre las manifestaciones de desgaste articular más comunes que hay. Esta conduce a una destrucción progresiva del cartílago de la rodilla, además de que la cápsula de la articulación y los músculos circundantes pueden verse afectados. El tejido del cartílago se atrofia poco a poco y,
finalmente, ya no puede moverse la articulación sin dificultades. Poco a poco, esta articulación se va quedando rígida.

Causas de la artrosis de rodilla

Los procesos que se esconden tras la artrosis de rodilla no están aún completamente claros. Esta enfermedad está causada por la interacción de varios factores que desencadenan la degradación del cartílago articular. Casi un tercio de las artrosis de rodilla se produce a causa de accidentes y lesiones, a veces incluso varios años después. Para desencadenar la degeneración del cartílago articular, tan sólo hace falta que se produzca un daño mínimo. Asimismo, también las sobrecargas continuas pueden desembocar en este tipo de artrosis. La causa de esta enfermedad también puede estar en los genes: los estudios han mostrado que la predisposición genética es asimismo responsable del desgaste de la articulación de la rodilla. Otras de las causas son las malformaciones de nacimiento de dicha articulación, que aceleran su degradación, así como el sobrepeso.

Síntomas de la artrosis de rodilla

Las molestias típicas son los dolores en la articulación así como tras la rótula. Estos aparecen especialmente al iniciar un movimiento y van desapareciendo poco a poco; se trata del así llamado «dolor de puesta en marcha». Este dolor vuelve a aparecer tras una prolongada carga física. Los dolores se extienden además hasta la pantorrilla y el pie de la pierna correspondiente a la rodilla enferma, y aumentan al realizar actividades como subir escaleras o caminar por superficies irregulares, al igual que al cargar con objetos pesados o cuando el tiempo es frío y húmedo. La rodilla afectada se muestra a menudo hinchada y enrojecida, y en ocasiones, también caliente y tensa. También son típicos los chasquidos y crujidos al mover la articulación. Otras de las molestias características de esta dolencia son la rigidez matinal y tras pasar mucho tiempo sentado, así como la inseguridad al caminar. Cuanto más avanza el deterioro de la articulación de la rodilla mayor será la intensidad de los síntomas; la capacidad de movilidad de la rodilla se va reduciendo cada vez más dificultando enormemente las tareas del día a día.

Diagnóstico de la artrosis de rodilla

Al principio se realiza un cuestionario detallado al paciente así como una amplia batería de pruebas físicas. A continuación se comprueban el modo de andar y la postura para detectar posibles problemas o malformaciones como una oblicuidad pélvica, debilidad muscular o determinadas posturas. Por último se dirige la atención a la funcionalidad de la articulación de la rodilla. Esto se hace mediante una palpación en la que se toca la articulación con las manos y se comprueba si existe hinchazón o sensibilidad a la presión y en qué medida. De esta forma puede determinarse si existen protuberancias óseas en la superficie articular; de ser así, la artrosis ya se halla en un estado avanzado. Tras la palpación se comprueba la movilidad para establecer si la artrosis ya ha comenzado a mermarla y en qué grado. En este punto no sólo se examina la articulación de la rodilla, sino también los músculos. Si se ha establecido la sospecha de una artrosis de rodilla, se procede a realizar radiografías. Si la distancia entre el cóndilo y el acetábulo es estrecha, se trata de un signo típico del desgaste del cartílago. Cuanto menor sea esta distancia, mayor será el avance de la artrosis. Si los daños en el cartílago son aún escasos, por regla general estos no podrán detectarse en la radiografía. Este es el motivo de que los rayos X no aporten toda la información necesaria por sí solos. Dado que con esta prueba no basta, debe procederse a realizar una ecografía. Esta prueba es un buen complemento diagnóstico, ya que gracias a los ultrasonidos es posible visualizar incluso las partes blandas y, al contrario que con los rayos X, esta prueba permite detectar otras estructuras, además de las óseas. Otro método de diagnóstico muy utilizado es la gammagrafía,
un procedimiento derivado de la medicina nuclear. Para realizarla debe inyectarse un medio de contraste en los vasos sanguíneos que se distribuirá por toda la red
sanguínea del cartílago. Las sustancias utilizadas para ello tienen la propiedad de
acumularse especialmente en los tejidos inflamados o enfermos, lo que facilita su
detección.

Tratamiento de la artrosis de cadera

Electroterapia

Las corrientes eléctricas evitan o ralentizan la transmisión de señales del dolor, activan la regeneración del tejido y mejoran la circulación.

Andulación

A través de esta terapia biofísica puede estimularse de forma activa tanto la circulación como el metabolismo, mejorando notablemente el suministro de oxígeno e importantes nutrientes a todas las células del cuerpo.

Acupuntura

La acupuntura puede aliviar el dolor y mejorar las funciones de la articulación. Un
solo ciclo de acupuntura puede aportar una mejoría notable con una duración de al
menos 8 semanas

Fisioterapia

Los ejercicios de fisioterapia mejoran la movilidad de la articulación de la rodilla y al mismo tiempo alivian el dolor. En un primer estadio de la artrosis, un buen programa de fisioterapia regular puede bastar para aliviar las molestias

Sustitución del líquido sinovial

Este tratamiento se utiliza sobre todo para la artrosis de rodilla y, muchas veces, con buenos resultados. El fluido sinovial o ácido hialurónico se inyecta directamente en el espacio de la articulación; normalmente esto no causa ningún dolor y debe repetirse aproximadamente unas cinco veces, y los resultados del tratamiento se mantienen durante una media de medio año.

Medicamentos

Principalmente se utilizan los antiinflamatorios no esteroideos (AINE). Estos no contienen cortisona, de ahí su nombre. Sin embargo, los AINE deben utilizarse solo de forma temporal y en las dosis más bajas posibles

Operaciones

Hoy en día existen diversos procedimientos. Entre ellos se hallan la artroscopia, con la que puede limpiarse y enjuagarse la articulación así como alisar el cartílago. Otro método consiste en eliminar la membrana inflamada de la articulación. Tras la intervención la membrana vuelve a crecer en unas pocas semanas. Se crea el llamado «regenerado», que normalmente no se ve envuelto en el proceso de inflamación. Estudios de larga duración han probado que el dolor y la inflamación mejoran incluso años después de la operación. La abrasión es un proceso con resultados aún más eficaces que consiste en retirar de forma mecánica la capa superior del cartílago articular. Esto estimula al cuerpo para que cree nuevo material cartilaginoso. La nueva capa articular no es tan elástica ni tiene una capacidad de carga tan buena como la del cartílago original, pero puede asumir sus funciones en gran medida. La última opción es la sustitución completa de la articulación, que se plantea cuando el resto de las terapias no han conducido a ninguna mejoría

La terapia de andulación en la artrosis de rodilla

La terapia de andulación ha demostrado ser un tratamiento muy efectivo en los casos de artrosis de rodilla. A través de esta terapia biofísica puede estimularse de forma activa tanto la circulación como el metabolismo, mejorando notablemente el suministro de oxígeno e importantes nutrientes a todas las células del cuerpo. De esta forma puede detenerse el desgaste del cartílago en la articulación de la rodilla y su posterior avance, lo que se ve reforzado por el aumento de la actividad metabólica de las células entre sí así como de la excreción de sustancias nocivas y residuos metabólicos.
Además, la terapia de andulación se encarga de mejorar las tensiones musculares y los bloqueos del área de la articulación de la rodilla. Esto permite que los dolores se alivien de forma notable en poco tiempo y que finalmente desaparezcan por completo, siempre que la aplicación se realice durante un largo periodo de tiempo. El calor infrarrojo profundo dirigido fomenta también su efectividad. Gracias a esto puede influirse positivamente en el tejido del cartílago.

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